¿Les he escuchado decir que los ETFs son como una especie de “animales anfibios…”?:

Actualizado 13/12/17 por Mario Medina

Suena raro, pero es así: igual que los animales anfibios, los ETFs son como un híbrido entre las acciones y los fondos mutuos, y  funcionan de manera que pueden tanto “andar por tierra como nadar por debajo del agua”.

Por pura genética de las finanzas, los ETFs tienen características de sus dos “primos”: se parecen a los fondos mutuos porque, al igual que ellos, están compuestos por una diversidad de acciones o bonos; pero también se parecen a sus otros parientes, las acciones, porque se cotizan en Bolsa durante el día —o sea, que suben y bajan de precio constantemente durante las horas en que la Bolsa está trabajando—, a diferencia de los fondos mutuos, cuyo valor de las acciones (Net Asset Value o NAV) se determina al cierre de cada jornada.

A diferencia de los FM, los ETFs muestran su portafolio —las acciones o bonos en los que invierte— todos los días, una tarea gigantescas que hoy día es posible gracias al amplio y sofisticado sistema de computadoras que estas compañías tienen a su disposición. ¡Te imaginas hacer todo eso a mano, todos los días!

Tal como ocurre con los FM, los ETFs diversificados incluyen acciones en todos o casi todos los sectores de la economía, y representan menos riesgo que los no-diversificados, que se dedican a seguir un sector o industria en específico. Los ETFs han cobrado cada día más popularidad entre los inversionistas, precisamente por la diversidad y flexibilidad de opciones que brindan, pero lo más importante para todo el que desee invertir en este tipo de instrumentos es entenderlos: saber cómo se clasifican, para qué sirven, qué papel juegan en tu portafolio de inversiones a corto, mediano o largo plazo, etc. 


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